Los adolescentes que dan más pasos al día tienen menos problemas de salud mental un año después
Un estudio con 5.515 chicos y chicas de EE. UU. que llevaron pulsera de actividad ve que, a más pasos diarios, menos síntomas de ansiedad, ánimo bajo o problemas de conducta al año siguiente. Es una asociación, no prueba causa y efecto.
Moverse un poco más cada día podría ir de la mano de una mejor salud mental en la adolescencia. Un estudio publicado el 1 de octubre en JAMA Network Open por investigadores del King’s College de Londres y la Universidad de Massachusetts Amherst ha seguido a 5.515 adolescentes de Estados Unidos. Los que daban más pasos al día tenían menos problemas de salud mental un año después.
Los datos proceden del estudio ABCD, el mayor seguimiento a largo plazo del desarrollo cerebral infantil en EE. UU., con 21 centros. Los chicos y chicas, de 11 y 12 años, llevaron una pulsera de actividad durante tres semanas. Un año más tarde, ellos y sus familias respondieron un cuestionario sobre ansiedad, ánimo bajo y problemas de conducta.
Qué encontraron
Quienes daban menos de 5.000 pasos diarios eran los que más síntomas tenían; los que rondaban los 8.000 tenían menos, y los que llegaban a 12.000 o más, los que menos. Los autores no vieron un techo: cada 1.000 o 2.000 pasos más se asociaban con mejores resultados, partiera cada uno de donde partiera.
Los más activos tenían además una corteza cerebral algo más gruesa en dos zonas relacionadas con el movimiento y la regulación de las emociones, lo que explicaría en parte el vínculo. No hubo relación entre los pasos y las notas.
«No hace falta ser deportista de élite para beneficiarse», resume Amanda Paluch, de UMass Amherst, que anima a buscar formas sencillas de hacer ejercicio, como ir andando al instituto.
Los límites
Es un estudio observacional: muestra una asociación, no que caminar más cause una mejor salud mental. La relación se mantuvo al tener en cuenta los problemas previos de cada adolescente, pero los autores reconocen que quienes se encontraban mejor podían moverse más desde el principio. Los pasos se midieron solo durante tres semanas, las diferencias en el cerebro son pequeñas y pocos jóvenes alcanzaban cifras muy altas. El autor principal, Qingyang Li, califica los resultados de preliminares. Aun así, apuntan en la misma dirección que mucha otra investigación: moverse es bueno para la cabeza.


