Un fármaco revierte el hígado graso grave en animales al reparar el intestino
Investigadores de la Universidad de Míchigan han probado DT-109, que frena una bacteria intestinal productora de amoníaco y refuerza la barrera del intestino. Revirtió la enfermedad en ratones y la redujo en primates. Aún no se ha probado en personas.
Un equipo internacional liderado por la Universidad de Míchigan (EE. UU.) ha encontrado una nueva forma de atacar la forma grave del hígado graso: empezar por el intestino. Su candidato a fármaco, llamado DT-109, revirtió la enfermedad en ratones y redujo la inflamación del hígado en primates. El trabajo, dirigido por el cardiólogo Eugene Chen, se publicó este verano en el Journal of Clinical Investigation.
La enfermedad se llama esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH). Afecta a cerca del 7 % de la población mundial y puede evolucionar a cirrosis, cáncer de hígado o insuficiencia hepática. Las opciones de tratamiento siguen siendo escasas.
Cómo funciona
Los investigadores confirmaron que el crecimiento excesivo de una bacteria intestinal, Clostridium perfringens, empeora la enfermedad. Esta bacteria produce amoníaco, que adelgaza la pared del intestino y debilita su barrera. Por esas grietas pasan sustancias dañinas que llegan al hígado y activan en exceso a unas células de defensa, los linfocitos T CD8+, que lo inflaman.
DT-109 es una molécula pequeña formada por tres aminoácidos y actúa sobre todo en el aparato digestivo. En los animales redujo la cantidad de C. perfringens y de amoníaco, restauró la barrera intestinal y frenó la llegada de esas sustancias al hígado. En los primates, cuyo hígado y flora intestinal se parecen más a los humanos, también redujo la formación de placas en las arterias. «Vemos pruebas claras de que DT-109 protege la barrera del intestino», explica Chen.
Lo que falta
Todos los resultados proceden de estudios en animales: no se sabe aún si el fármaco es seguro y eficaz en personas. El siguiente paso es completar su evaluación para poder llegar a ensayos clínicos. El equipo cree que, si funciona, podría servir también para enfermedades del corazón y para trastornos intestinales en los que falla la barrera del intestino.


