Raíces artificiales de manglar frenan la erosión de la costa junto a Bangkok
En la desembocadura del Chao Phraya, el mar se lleva cada año entre 20 y 60 metros de tierra. Un ensayo de 15 meses de la Universidad Chulalongkorn en 11 puntos de Samut Prakan colocó estructuras que imitan las raíces del manglar: en 10 de ellos retuvieron entre 16 y 88 centímetros de sedimento. Un experto independiente avisa de que no es una solución permanente, sino una ayuda para que el manglar vuelva.
En Phra Samut Chedi, donde el Chao Phraya, el gran río de Bangkok, se encuentra con el golfo de Tailandia, el mar se come cada año entre 20 y 60 metros de costa. Las olas rompen los diques de barro y anegan las piscifactorías de gambas.
Un equipo de la Universidad Chulalongkorn ha probado una defensa que imita a la naturaleza: estructuras con la forma de las raíces del manglar, hechas de material compuesto de madera y plástico y de caucho. Dejan pasar el agua, pero crean turbulencias que hacen que el barro en suspensión se deposite.
El matiz lo pone un experto que no participó en el estudio, Sompratana Ritphring, profesor de ingeniería hidráulica de la Universidad Kasetsart: no es un remedio universal ni definitivo. «En el mejor de los casos, debe ser un componente de ingeniería temporal o que facilite» la recuperación de un sistema natural, dijo a Mongabay.
Barro donde antes se lo llevaba el mar
El ensayo duró 15 meses en 11 puntos de la provincia de Samut Prakan. Según el estudio, publicado en Ocean & Coastal Management, las estructuras retuvieron detrás entre 16 y 88 centímetros de sedimento en 10 de esos puntos.
Ese barro nuevo tuvo efectos concretos: en un sitio, los criadores de gambas pudieron rehacer sus diques; en otro, los propietarios volvieron a plantar plantones de manglar.

La costa de Samut Prakan desde el aire, con el manglar, los estanques y las raíces artificiales en el fango. Foto cedida por Warit Charoenlerkthawin (Universidad Chulalongkorn).
Imitar lo que hace la raíz, no su forma exacta
Las estructuras imitan la función de las raíces, no su anatomía exacta, explicó a Mongabay Butsawan Bidorn, profesora de ingeniería costera de la Universidad Chulalongkorn y autora sénior del estudio. Otros métodos usados antes en esa costa, como la restauración del manglar o las empalizadas de bambú, no habían funcionado.
Sompratana insiste en un último punto: hay que vigilar las estructuras durante años para que sus materiales no acaben convertidos en basura marina. El objetivo final, dice, es que vuelva a funcionar el sistema natural: un manglar que proteja la costa por sí mismo.


