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Salud · Ictus

Tres sustancias en la sangre podrían ayudar a ajustar la rehabilitación tras un ictus

Investigadores de Vall d'Hebron siguieron durante seis meses a 62 personas tras un primer ictus y a 43 personas sin ictus (estudio SMARRTS, publicado en Scientific Reports). Los niveles en sangre de endostatina, GDF-10 y uPAR se asociaron con cómo mejoraban la marcha, la fuerza y el uso del brazo. Son asociaciones en un grupo pequeño: todavía no sirven para predecir la recuperación de un paciente concreto.

Por Redacción · VerificadoFuente: Vall d'Hebron Institut de Recerca · Scientific Reports
Siete profesionales con bata blanca posan de pie detrás del rótulo morado de Vall d'Hebron Institut de Recerca, en el vestíbulo del edificio
Equipo de Vall d'Hebron del estudio sobre marcadores en sangre y rehabilitación tras un ictus. Imagen cedida por el VHIR. Foto: Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR)

Sesenta y dos personas que acababan de sufrir su primer ictus se sacaron sangre antes de empezar la rehabilitación y volvieron a hacerlo al mes, a los tres y a los seis meses. Cada vez, además, pasaron pruebas de marcha, fuerza y movilidad del brazo. Con esos datos, un equipo de Vall d’Hebron ha encontrado tres sustancias en la sangre cuya evolución va de la mano de cómo se recupera el paciente.

El trabajo es el estudio SMARRTS, del Grupo de Investigación en Enfermedades Neurovasculares del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) y de la Unidad de Neurorrehabilitación y Daño Cerebral del hospital, con otros centros españoles. Se ha publicado en Scientific Reports y se presentó en el congreso nacional de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), en Barcelona, a pocos días del Día Mundial del Ictus, que es el 29 de octubre.

Lo que dicen la endostatina, el GDF-10 y el uPAR

Los investigadores midieron cuatro moléculas relacionadas con la reparación del cerebro y la neuroplasticidad, su capacidad de reorganizar conexiones. Tres destacaron:

  • Quienes empezaban la rehabilitación con niveles más altos de GDF-10 y uPAR obtenían después peores resultados en velocidad de la marcha, fuerza y movimiento del brazo.
  • Una bajada mayor de la endostatina durante el primer mes se asoció con más mejoría posterior en algunas capacidades motoras y de fuerza.
  • Cuando el GDF-10 subía, el brazo funcionaba mejor y los pacientes caminaban y se valían mejor en el día a día.

Según las autoras, la doctora Anna Rosell, jefa del grupo de Enfermedades Neurovasculares del VHIR, y la doctora Susana Rodríguez González, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de Vall d’Hebron, la idea a largo plazo es «explorar si una sencilla muestra de sangre podría aportar información complementaria a la evaluación clínica convencional».

Un apoyo para el médico, no un sustituto

Las asociaciones no demuestran que estas sustancias causen una determinada evolución, advierten las investigadoras. El grupo es pequeño y el diseño, observacional: no permite separar del todo la recuperación natural del efecto de la rehabilitación. «El objetivo final no es sustituir la valoración clínica del paciente, sino añadir en el futuro una posible dimensión biológica», explican.

El siguiente paso es comprobarlo con más pacientes y en grupos independientes. Si se confirma, podría ayudar a saber qué personas se beneficiarían de una rehabilitación más intensa o de una estrategia distinta.

Fuentes

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