Las personas con párkinson más activas conservan mejor la memoria y el movimiento durante años
Un estudio de la Universidad de Cincinnati con 294 personas con párkinson leve o moderado, seguidas hasta siete años, relaciona moverse más de 8 horas a la semana (contando paseos, tareas de casa y trabajo) con un avance más lento de la enfermedad. Es una asociación, no prueba que la actividad la frene, y la actividad la declaraban los propios pacientes.
Moverse más de 8 horas a la semana, sumando paseos, tareas de casa, trabajo y aficiones, se asocia con que el párkinson avance más despacio. Es la conclusión de un estudio de la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos) publicado el 7 de octubre en Neurology, la revista de la Academia Americana de Neurología.
El equipo siguió durante un máximo de siete años a 294 personas con párkinson leve o moderado, de 66 años de media, dentro del programa de biomarcadores de Cincinnati. Cada participante calculaba en un cuestionario cuántas horas a la semana se movía en el trabajo, en casa y en su tiempo libre. Con eso se formaron tres grupos: hasta 4 horas, de 4 a 8 horas y más de 8 horas.
La memoria del grupo más activo casi no se movió
En una prueba de memoria y razonamiento que puntúa de 0 a 30, el grupo menos activo perdió de media 0,478 puntos al año; el intermedio, 0,090, y el más activo, 0,007. En la escala de síntomas motores (de 0 a 132, con una media de 23 al empezar), la puntuación del grupo menos activo subió ligeramente cada año (más síntomas) y la de los otros dos bajó un poco.
Las diferencias se mantuvieron al tener en cuenta la edad, el sexo y los años con la enfermedad. Y siguieron un patrón: cuanta más actividad, ya fuera medida en horas totales, en intensidad o en ejercicio vigoroso, más lento era el deterioro.

Alberto Espay, neurólogo de la Universidad de Cincinnati y coautor del estudio. Foto: Universidad de Cincinnati.
Lo que el estudio no puede decir todavía
Es un estudio de observación: muestra una relación, no demuestra que la actividad frene la enfermedad. La actividad la contaban los propios participantes, que pueden equivocarse al calcularla, y la mayoría empezó con buena memoria, así que los autores piden prudencia y más estudios. Según el primer autor, Dong-Woo Ryu, el efecto puede depender de cuánto tiempo sigue alguien activo y de si mantiene el ejercicio con los años.
El coautor Alberto Espay quiso reconocer a quienes lo hicieron posible: «Este artículo existe porque cientos de personas aceptaron seguir volviendo». El trabajo lo financiaron la Fundación de la Familia Gardner y un fondo de medicina de precisión para enfermedades neurodegenerativas.


