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Ciencia · Energía solar

Módulos solares orgánicos y flexibles alcanzan un 18,8 % de eficiencia y aguantan 2.000 horas

Un equipo del Instituto de Tecnología e Ingeniería de Materiales de Ningbo (Academia China de las Ciencias) fija mejor una de las capas de las células solares orgánicas con una película finísima de cloruro de indio. Son resultados de laboratorio, en módulos de 15,6 cm², publicados en Joule: la tecnología aún está lejos de los tejados.

Por Redacción · VerificadoFuente: Academia China de las Ciencias · NIMTE
Diagrama científico: a la izquierda, una capa de cloruro de indio que reacciona con moléculas orgánicas ancladas a ella; a la derecha, la curva de corriente y voltaje de un módulo de diez subcélulas con un 18,8 % de eficiencia
Diagrama de la interfaz y rendimiento de las células solares orgánicas basadas en la estrategia de anclaje molecular. Foto: NIMTE, CAS

Una película ultrafina de cloruro de indio es la clave de este avance. Con ella, un equipo del Instituto de Tecnología e Ingeniería de Materiales de Ningbo (NIMTE), de la Academia China de las Ciencias, ha conseguido que las células solares orgánicas pierdan menos rendimiento con el calor y la luz. Lo publicó en la revista Joule el 21 de octubre.

Las células orgánicas usan moléculas de carbono en lugar de silicio. Son ligeras, finas y flexibles, y por eso se piensa en ellas para ventanas, techos de coches o pantallas de relojes. Su punto débil es que duran poco. Este trabajo es de laboratorio: la tecnología todavía no se vende.

Moléculas que ya no se sueltan

El problema estaba en una capa muy delgada de moléculas que se apoya sobre el electrodo y ayuda a sacar la corriente. Con la luz y el calor, esas moléculas se despegaban. El equipo, dirigido por el profesor Liu Quan, colocó debajo una película de cloruro de indio que, al calentarse, reacciona y forma enlaces entre el indio, el oxígeno y el fósforo. Las moléculas quedan «ancladas».

Con esa técnica, las células pequeñas llegaron a un 20,4 % de eficiencia y los módulos de 15,6 cm² de apertura, a un 18,8 % sobre su área activa, que según los autores es un récord para este tamaño. Tras 2.000 horas funcionando sin parar bajo luz, a 25 °C, los módulos conservaban más del 85 % de su rendimiento inicial.

Del laboratorio a la fábrica

Las 2.000 horas son de laboratorio, no de años al sol en un tejado. El paso que cuenta este estudio es el de tamaño: según la Academia China de las Ciencias, la técnica sirve para fabricar módulos más grandes sin perder calidad, que es lo que hace falta para producirlos en serie.

Fuentes

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