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Ciencia · Chile

Una expedición chilena encuentra en la Fosa de Atacama vida más activa de lo que se creía

La expedición NIMOx, del Instituto Milenio de Oceanografía, volvió a Valparaíso tras tres semanas en la Fosa de Atacama, una de las zonas más profundas del planeta. En el propio fondo, pequeños crustáceos carroñeros se comieron 1,5 kilos de jurel en una hora u hora y media: las cadenas alimentarias de la fosa son más activas de lo que se pensaba. El matiz: son resultados preliminares y las muestras se siguen analizando.

Por Redacción · VerificadoFuente: Instituto Milenio de Oceanografía · Armada de Chile
Una treintena de personas posan en la cubierta verde de un buque oceanográfico, junto a equipos científicos de color amarillo y rojo, con el mar de fondo
Tripulación y equipo científico de la expedición NIMOx en la cubierta del buque AGS-61 Cabo de Hornos de la Armada de Chile. Foto: Instituto Milenio de Oceanografía. Foto: Instituto Milenio de Oceanografía (IMO)

El buque AGS-61 Cabo de Hornos de la Armada de Chile atracó el 27 de octubre en Valparaíso tras tres semanas en la Fosa de Atacama, una de las zonas más profundas y menos exploradas del planeta. A bordo viajaba la expedición NIMOx, dirigida por el Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) y financiada por la agencia chilena de investigación, ANID. Sus resultados son preliminares: las muestras y los datos se analizarán durante los próximos meses.

Un banquete a miles de metros

El equipo de Mauricio Urbina, investigador del IMO y de la Universidad de Concepción, bajó trampas con cebo hasta el fondo de la fosa para hacer experimentos de alimentación allí mismo. Acudieron sobre todo anfípodos, pequeños crustáceos carroñeros.

Se creía que las cadenas alimentarias de la fosa eran poco diversas y lentas. Lo que vieron fue lo contrario: los animales se comieron 1,5 kilos de jurel en una hora u hora y media. El ecosistema recicla muy deprisa la materia orgánica que cae desde arriba.

Urbina apunta una pista más, todavía especulativa: estos animales pasan largas temporadas sin comer, y eso podría esconder mecanismos de reparación celular nuevos.

Un investigador con guantes azules sostiene con unas pinzas un anfípodo anaranjado y translúcido delante de su cara

Un anfípodo, el pequeño crustáceo carroñero que dominó las trampas de la expedición. Foto: Instituto Milenio de Oceanografía.

Un monte submarino, al detalle

Un segundo grupo, dirigido por la investigadora Valeria Cortés, cartografió el fondo entre Taltal y Chañaral, una zona donde hace tiempo que no hay un gran terremoto. Obtuvo imágenes en alta resolución de un monte submarino que nunca se había registrado con ese nivel de detalle y buscó fallas y deslizamientos recientes. Buena parte de su equipo eran estudiantes.

El tercer frente, liderado por Rubén Escribano, estudió cómo afecta El Niño al océano profundo con un lander y un planeador submarino autónomo. Las primeras observaciones indican que el calentamiento de la superficie reduce o dispersa el plancton, lo que podría cambiar el alimento que llega a la fosa.

Según Cortés, los datos empezarán a entrar en sus modelos y publicaciones dentro de unos meses.

Fuentes

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