La miel de una abeja australiana sin aguijón frena todas las bacterias con las que se probó
Un equipo de la Universidad de Sídney enfrentó la miel y el propóleo de la abeja Tetragonula carbonaria a 16 microbios que causan infecciones. La miel inhibió las ocho bacterias analizadas con una potencia comparable a la de mieles médicas como la de manuka. Es un estudio de laboratorio, con pocas muestras y casi todas de Sídney.
En la costa este de Australia vive Tetragonula carbonaria, una abeja sin aguijón que guarda su miel en pequeños cántaros de cera. Esa miel inhibió las ocho bacterias con las que la probó un equipo de la Universidad de Sídney, según un estudio publicado el 26 de octubre en PLOS ONE.
El matiz va por delante: son pruebas en placas de laboratorio, con pocas muestras recogidas sobre todo alrededor de Sídney, y cada colmena da en torno a un kilo de miel al año. No es un tratamiento.
Dieciséis microbios a prueba
Jasmin Li, Rosalyn Gloag, Dee Carter y Kenya Fernandes recogieron miel y propóleo, la mezcla de resinas y cera con la que las abejas sellan la colmena, en nidos de Nueva Gales del Sur y Queensland entre 2021 y 2023. Después los enfrentaron a 16 microbios de interés clínico: ocho bacterias, tres levaduras y cinco mohos.
Entre las bacterias estaban Staphylococcus aureus, Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y Acinetobacter baumannii, habituales en las infecciones de hospital. La miel las frenó todas, con concentraciones mínimas comparables a las de dos mieles médicas que se usaron como referencia, una de manuka y otra de jarrah. También actuó contra dos hongos que infectan la piel.
El propóleo fue más selectivo: frenó solo algunas bacterias y ciertos mohos, y ninguna levadura.

Abejas Tetragonula carbonaria sobre su panal de cría. Foto: Dr Kenya Fernandes / University of Sydney.
Un misterio en la colmena
Los autores aún no saben qué lo explica. El agua oxigenada que produce la miel solo encaja a medias con su efecto, y la cantidad de compuestos fenólicos del propóleo no se relaciona con su potencia. Sospechan que intervienen otras sustancias de las abejas o de las plantas, todavía sin identificar.
Por qué es una buena noticia
Cada vez más infecciones resisten a los antibióticos y faltan fármacos nuevos. Este trabajo señala a una abeja nativa, muy poco estudiada, como una fuente prometedora de compuestos para buscarlos. Los autores piden ahora más muestras de toda su zona de distribución y comparaciones con miel de abeja común procesada igual.
Imágenes cedidas por la Universidad de Sídney.


