sábado, 24 de octubre de 2026sáb, 24 octEdición EspañaEnglish editionInstagramApóyanos
Ciencia · Virología

Científicos de Oxford ven cómo se construye la cubierta de un virus, pieza a pieza

El equipo siguió, molécula a molécula, el montaje de una partícula similar a un virus. El estudio, publicado en Nature el 16 de septiembre de 2026, es ciencia básica: no trae todavía ningún fármaco, pero ayuda a entender un proceso que futuras vacunas y antivirales podrían aprovechar.

Por Redacción · VerificadoFuente: Universidad de Oxford · Nature
Tres investigadores sonrientes sostienen entre todos una maqueta molecular de piezas oscuras unidas en forma de pentágonos, junto a una ventana
De izquierda a derecha, Philipp Kukura, Roi Asor y Dan Loewenthal, del Departamento de Química y el Instituto Kavli de Nanociencia de la Universidad de Oxford, que han dirigido el estudio. Foto: University of Oxford

Cinco piezas de proteína se cierran en un anillo con forma de pentágono y, a partir de ahí, todo va más rápido. Es uno de los momentos que un equipo de la Universidad de Oxford ha podido ver al seguir, molécula a molécula, cómo se monta la cubierta de una partícula similar a un virus. El estudio se publicó en Nature el 16 de septiembre de 2026. Es ciencia básica: no trae todavía ningún fármaco, pero ayuda a entender un proceso que los antivirales del futuro podrían intentar sabotear.

Pesar una partícula mientras crece

Los virus guardan su material genético dentro de una cubierta de proteínas, la cápside, que se arma sola a partir de muchas piezas. Ver los pasos intermedios era muy difícil: esas estructuras son escasas y duran poco.

El grupo de Philipp Kukura usó una partícula diseñada en el laboratorio, formada por 60 unidades de proteína. Combinó la fotometría de masas, una técnica desarrollada en Oxford que mide la masa de moléculas sueltas por la luz que dispersan, con un método nuevo para mantener atrapada cada partícula. Así pudieron «pesarla» una y otra vez mientras se le sumaban piezas. «Este método nos permite estudiar el proceso de ensamblaje directamente: ¡solo grabamos un vídeo!», resume el doctorando Dan Loewenthal, coautor principal.

Un laberinto en el que solo se fijan los giros buenos

Según el equipo, el montaje funciona como buscar la salida de un laberinto en el que solo se quedan fijos los giros correctos. Al principio, las piezas se unen de forma débil y reversible: si la combinación no sirve, se separan y lo vuelven a intentar. Cuando forman ciertas estructuras cerradas, como ese primer pentágono, sus múltiples uniones las vuelven estables. Esos pocos puntos de paso guían el proceso hacia la partícula completa, aunque haya miles de caminos posibles.

«Las interacciones débiles dan al sistema margen para equivocarse», explica Roi Asor, el otro coautor principal. «Esa combinación de ensayo y error, seguida de fijar las estructuras que funcionan, es lo que hace el proceso tan fiable».

Ilustración de una partícula de virus a medio montar: piezas de proteína color arena forman un anillo, con tres piezas en naranja, rojo y turquesa en el centro, mientras otra pieza llega y otra se aleja, señaladas con flechas sobre un fondo azul oscuro

Así se monta la partícula: las piezas de proteína se unen y se separan una y otra vez; cuando cierran una cara, sus múltiples uniones las fijan y el montaje puede seguir desde ahí. Estructuras generadas a partir de PDB 7B3Y con ChimeraX; la ilustración fue editada después con Claude (Anthropic), según la Universidad de Oxford. Ilustración: Roi Asor / University of Oxford.

Vacunas, antivirales y otras piezas de la célula

El coautor Jack Tan, del Instituto MRC Weatherall de Medicina Molecular, cree que entender estos procesos a nivel molecular podría tener aplicaciones importantes en el desarrollo de vacunas y de antivirales que interrumpan el ensamblaje de los virus. Los investigadores señalan que su método sirve también para estudiar, una molécula cada vez, otras estructuras de la célula que se montan solas, como su esqueleto interno.

Foto e ilustración cedidas a Noticias Felices por la Universidad de Oxford.

Fuentes

Read this story in English →